Sopa Rory Gallagher

Sopa de cerveza Guinness

Domingo. Te despiertas más cerca del ocaso que del amanecer. Descubres un cuerpo desnudo e inerte en la cama. No es el tuyo. La resaca es descomunal, pero tienes hambre. Vas a la nevera y la encuentras vacía. Recuerdas entonces que antes de pasar por el mercado paraste en el bar a tomar una caña rápida al mediodía y ya no volviste hasta que cerraste los antros.

En tu barrio no hay nada abierto. Ni tiendas ni bares. Haces inventario: Pan duro, cerveza negra, ajo, diversos tetrabrick, algunos frutos secos y varias mierdas fósiles en la despensa. Cerveza y pan, pan y cerveza. Comida básica, ancestral, de subsistencia. Tu resaca es de cerveza y whiskey. Tu cabeza viaja a Irlanda, a la Irlanda pobre de las novelas. Recuerdas algunas noches épicas en Dublín, en Temple Bar. La culpabilidad te taladra el cerebro, como punteos de Rory Gallagher, el músico irlandés más borracho de la historia (con permiso de todos los demás). Pero tienes hambre, y quieres algo rico, con sabor. No eres capaz de hablar y posiblemente no vuelvas a tener una erección nunca más, pero ya has trazado un plan gastronómico…

Antes de encender los fogones, pinchas ‘On the board’, el segundo disco de Taste (sabor en inglés), la primera banda de Rory Gallagher. En un rato tienes una fantástica sopa de pan y cerveza Guinness y un domingo imprevisiblemente feliz. Tan fácil que puedes hacerla en modo zombi y en los 36 minutos que dura el disco que te propongo para esta receta.

Partitura (para 4 personas):

  • 2 litros de caldo de pollo
  • Una lata de cerveza Guinness (33 cl.)
  • 200 a 250 gr. de pan de hace uno o dos días
  • 100 ml. de nata líquida
  • Una nuez de mantequilla
  • Una cucharadita de canela molida
  • Una cucharadita de nuez moscada
  • Pimienta
  • Sal
  • Piñones
  • Cebollino fresco

Poner el caldo de pollo en una olla a fuego fuerte. Mientras, cortar el pan en dados regulares. Cuando el caldo empiece a hervir, bajar a fuego medio, añadir el pan y la cerveza negra. Dejar que se cueza todo junto durante unos 20 minutos. Retirar la olla del fuego y con una batidora eléctrica convertir la sopa en una crema más o menos espesa.

Es el momento de salpimentar y de incorporar la canela y la nuez moscada recién rallada. Con un batidor de varillas mezclar la crema con las especias, volver a poner la olla al fuego (lento). Añadir la nata y ligar con la crema de pan y cerveza batiendo con brío. Por último añadir la mantequilla y mezclar hasta que se derrita y quede bien integrada. Servir caliente y decorar con piñones (preferiblemente tostados) y cebollino fresco picado fino. Y llámame dipsómano si quieres, pero yo la acompañaría de otra cerveza negra fría servida en una copa.

Quizás esta sopa podría mejorar si previamente pochamos una cebolla que aporte un extra de sabor. La próxima vez lo haré así.

On the boards

Taste_On_The_BoardsEn cuanto a ‘On The Boards’, se trata del segundo y último disco del power trio irlandés Taste. Publicado en 1970, la época dorada del rock anglosajón, quizás no ha pasado a la historia como uno de los mejores discos de la historia, pero, 45 años después sigue sonando tan actual como el primer día. Tras este disco, las diferencias de Rory Gallagher con los miembros de la banda lo llevaron a iniciar su carrera en solitario. Quizás estemos ante uno de los mayores ejemplos de versatilidad de Gallagher, en un álbum en el que se encarga de sacar sonido a su voz, guitarra, armónica y saxofón.

Podríamos encasillar a ‘On The Boards’ como un disco de blues rock que coquetea con géneros afines. Abre con ‘What’s going on’, un melocotonazo de puro rock que fue un éxito absoluto en su lanzamiento. ‘Railway and gun’ saca el lado más blues de Rory a la guitarra. Continua con mi pieza favorita del disco (y candidata a formar parte de la banda sonora de mi vida) ‘It’s happened before, It’ll happen again’, una temazo que coquetea con el swing, el jazz y la psicodelia del momento. Aquí Rory le da protagonismo al saxofón, cosa poco habitual en su carrera, aunque más palpable en estos inicios.

Con este arranque, el disco va perdiendo una pizca de interés a partir de ‘If the day was any longer’, pero sin bajar el listón de calidad. Quizás destacar el frenesí eléctrico de ‘Eat my words’, el rolllito boogie blues de ‘If I don’t sing I’ll cry’ y el animado cierre de ‘I’ll remember’.

Con el permiso de Thin Lizzy (y que se jodan U2), no hay músico irlandés como Rory Gallagher.

De bonus track, uno de los pocos vídeos que existen en los que se puede ver a Rory Gallagher tocando el saxo:

¡Salud y rocanrol!

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